Reflexión democrática Por Javier Olaberría

Leo a gente insatisfecha desde ambos lados de la grieta. Insatisfecha con los resultados de la elección. Si hay una cosa en la que coinciden desde ambos lados es en decir "¡Yo no entiendo cómo pueden votar a eso!" "¿Cómo puede ganar ese tipo?" Y bla bla bla. Pasa en todas las jurisdicciones: a nivel nacional dicen "a estos negros sólo les tenés que dar una banana, porque si les das una urna no saben qué hacer", a nivel municipal dicen "no puedo entender cómo votan a este tipo que no ha hecho nada en cuatro años, es un arrogante y bla bla bla".

A mi modo de ver, los pueblos nunca se confunden cuando tienen que elegir. Las sospechas me surgen cuando un partido que está gobernando logra hacerse triunfador en unas elecciones en la que se gana por poco; por ejemplo las de Maduro de 2018 (que si bien ganó por amplia diferencia, en el resultado solo aparecían los que él había habilitado para poder votar), o elecciones como las de la AFA, donde una parte gana 72 contra 71 cuando el reglamento decía que debían votar sólo 142 electores. Pero en el resto de las elecciones como lo son en la Argentina, si hay un claro ganador y no se vieron cosas raras en los cuartos oscuros o en los escrutinios, no es otra cosa que lo que la mayoría desea.

Si a nivel nacional ganó con claridad Alberto y a nivel local ganó con claridad Serenal, es porque el pueblo así lo quiso. Cuando digo "el pueblo" no apelo a un sentido demagógico sino lógico: en las democracias gobiernan y deciden las mayorías con respeto y acompañamiento participativo de las minorías. Eso es lo interesante (y quizás grandioso) del sistema menos imperfecto de todos los no perfectos sistemas de gobiernos que existen y han existido en la historia de la humanidad. Hablo de la democracia, claro. ¿Y qué es lo bueno? Que es el pueblo el que dice cuando saca a alguien y cuando lo pone, o cuando quiere que siga o cuando quiere que ya no siga. Sólo dos personas en la historia política de este planeta murieron invictos: uno se llamaba Joseph Stalin y el otro Fidel Castro. ¿Gobernaron bajo un sistema democrático?
Resumiendo... rara vez el pueblo se confunde, siempre y cuando no esté sometido como con esos invictos.