#los21delmendicrim 

Lejos, en el segundo tercio del siglo pasado, en una localidad muy chica por entonces. En Arenaza, partido de Lincoln, a unos 350 km de Capital Federal, se fundó uno de los productos más emblemáticos del mercado lácteo argentino. El Mendicrim tuvo sus inicios gracias al fundador del establecimiento San Andrés (ahora comprado por ARSA), el Ingeniero Osvaldo Mendizabal quien pensó y confeccionó un queso con un sabor y textura que lo transformó en único e irrepetible, reconocido siempre por cocineros y amantes de las artes culinarias a nivel nacional.

La fábrica se empezó a construir en septiembre de 1959 y tuvo su inauguración casi 10 meses después: 11 de junio de 1960. “Ahí empezamos con la elaboración del Mendicrim; cuando arrancamos éramos cuatro empleados y un encargado, porque la fábrica era muy chiquita”, comenta Rodolfo Todino, reconocido y querido vecino de Arenaza, quien fue unos de los primeros en plasmar las ideas de Mendizabal. “Yo trabajé 35 años en la empresa, para mí el Mendicrim fue la vida, fue mi carrera, siempre trabaje en eso a pesar de que hice todo tipo de trabajo, siempre lo principal fue el queso”, añadió. Además se mostró triste por la noticia de los últimos meses: “Me da mucha pena que se vaya el Mendicrim de Arenaza porque fue algo que creció acá, y con eso creció el pueblo, el campo, los tambos, todo creció gracias al producto; por eso espero que vuelva pronto”.

Alejandro Sienra, más conocido como “Minino”, es otro de los históricos del establecimiento y uno de los 21 trabajadores del Mendicrim, comenta sus vivencias: “Osvaldo Mendizabal fue un hombre que colaboró con la escuela de Arenaza, era el padrino de la Escuela 12 y llevaba todos los días la leche para los chicos, además de guardapolvos y calzado”. “El queso nació ahí, se fabricó por primera vez y es un patrimonio del pueblo, si hasta la calle principal tiene el nombre de su fundador (Mendizabal)”, cuenta, y pide “una rápida solución al problema”.

Todo lo que atrapaba el Mendicrim. Desde el crecimiento de una localidad, de una escuela, hasta el aumento de productividad de los campos, tambos y gente que se fue desarrollando, tuvo su familia, hijos y nietos gracias a la fábrica, a la elaboración del Mendicrim. Los trabajadores siguen aguardando una solución al conflicto y continúan luchando por los puestos de trabajo.