Opinión: Por Juan Sáenz Cavia

La semana pasada hacíamos un análisis refiriendo que desde la Agencia del Carnaval, habían “pasado a gas” la edición 2020, y se notaba fundamentalmente en la reducción de costos y precios sugeridos por los organizadores. Sabedores que el presupuesto, para este año ronda los mismos valores que para la edición anterior y con un cincuenta y pico de inflación interanual de por medio, era obvio que este año, nuestra fiesta mayor se vería diezmada. Esa disminución de dinero circulante en la Massey no se producía solamente por lo tacaños que se pusieron este año desde la muni, sino también por la iliquidez de la población toda, que no logra recuperarse en lo que a plata e ingresos se refiere.

Toda esta antesala es para adelantar que lo visto en las primeras dos noches de carnaval, ya estaba claro y sabido, y los comentarios del domingo y lunes no hicieron más que confirmarlo. Al recorrido y sus participantes no le sobra nada y seguramente congeniamos que no será este el corso que la gente no olvidará jamás, pero cierto es que, con claroscuros, esta edición paga el viaje de los foráneos y vale la pena asistir para los linqueños.

Lo mejorable

En un reconto rápido de las cuestiones que se pueden y deben mejorar son los eternos baches (el sábado hubo tres muy grandes) causados por comparsas que al demostrar su empatía por alguna tribuna, le hacen un festejo especial parados por unos minutos en el mismo lugar y ese tiempo no solo no se recupera, sino que después en agranda, generando un espacio insoportable a la mitad o final del recorrido.

Respecto al comienzo del recorrido, parece que lo hicieran adrede, que ponen un espectáculo a las 10 PM en el escenario y que al resto de los espectadores los parta un rayo. Sentido común muchachos. El corso real largó a las 11 de la noche y llegó al escenario media hora después. Cuando hablamos de profesionalismo, no podemos caer en este tipo de cuestiones.

Por qué no ir

Seguramente por el retraso de los artesanos al comenzar su trabajo o por la incertidumbre de cuáles serían los premios, pero la realidad que en materia de calidad y artesanía en la cartapesta, hemos bajado un escalón respecto a años anteriores. Salvo contadas excepciones…, flojito.

No se lo pierda

Esas excepciones son siempre los mismos, los dos o tres carroceros por los que pagaríamos una entrada. Lo que nos parecía que perjudicaría a las distintas categorías, resultó al revés. En cada categoría se puede ver el trabajo de algunos carroceros que están por encima de la media y esto suma para bien, así se pueden ver varios motivos del mismo artesano en distintas categorías.

Respecto a los Carros Musicales, más allá de la mucha cantidad y calidad de artistas, es admirable el diseño y decoración de la gran mayoría, mejorado lo de años anteriores.

Ni fu, ni fa

Desde la Agencia del carnaval se creó el año pasado la categoría “Marionetas”, imitando lo realizado por “Toto” con “Los Venecianos” y ahora tenemos cuatro o cinco grupos de tres marionetas, todas casi idénticas entre sí, repletas de tela con una máscara arriba que participan en desmedro (por lo abultado del premio) de “Mascaras sueltas” y “Cabezudos”.

También se han multiplicado Batucadas, Comparsas y Escuelas de Samba, que resultan muchas y algo flojas, teniendo en cuenta la cantidad de participantes.

Lo Imperdible

A contrapelo de la excusa que dieron aquellos que no participan del Carnavalincoln 2020, algunas comparsas han demostrado que con trabajo y creatividad se puedo lograr una extraordinaria puesta, como es la de los “Tolomei” con Nuevo Imperio. Color, sonido, plumas, baile, una gran idea global y buen ritmo… todo con la poca guita que se supone van a cobrar. O los altos costos son solo para algunos o estos pibes van a pérdida.

Otra atracción que salió del molde con “poca plata” son “los Transformers” que con una original idea impusieron la utilización de zancos para magnificar el motivo, recurriendo a nuevas técnicas para impresionar a un público cada vez más exquisito.

Lo que podemos solucionar sería ideal hacerlo, para luego dejar que el buen clima y las ganas de divertirse de la gente, hagan el resto.

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